¿Por qué discuto cuando alguien me dice que lo hice bien?

Por fin puedo decir que esto me llegó de verdad. Me tomó un tiempo, no lo voy a negar —tengo ya 45 años— pero lo tengo. Llegó, se asentó, aterrizó por fin.

La única persona que no veía mi valor era… tachán🥁… yo misma.

Me esfuerzo y me esfuerzo, por dos y por tres. Aquí alguien dice “buen trabajo”, allí alguien da las gracias, más allá alguien compra bombones con gratitud… y yo, dura como una roca. Nunca es suficiente. El juez en mi cabeza dice: “Bueno, puede estar bien… pero sigue demostrando”.

Y ¿sabes qué? Me cansé. De demostrar, de cumplir, del perfeccionismo, del esfuerzo constante. De intentar siempre un poco más. De ese “todavía no”.

Y por fin me escuché.

Me escuché cuando intento convencer a mi marido de que no tiene razón cuando dice que algo lo hice genial. Me escuché negociando mi propia falta de valor. Y de pronto me di cuenta de que esto lo conozco muy bien. Ese mecanismo automático de rechazar cualquier argumento a mi favor me acompaña desde hace décadas. La diferencia es que esta vez, por primera vez en mi vida, lo escuché conscientemente.

Me paré y me dije: ¿pero qué tonterías estoy diciendo? ¿Por qué no puedo aceptar un elogio? ¿Por qué no puedo mirar algo y reconocer que, por fin, es good enough? ¿Por qué?

No es extraño que no tenga energía. Que todo me lleve tanto tiempo. Que pula hasta la perfección cosas que ya no lo necesitan. Que siga compensando, esforzándome, corriendo. Luego caigo agotada… y el resultado, como siempre, nunca es satisfactorio.

Porque cuando nunca es suficiente, hay que volver a empezar una y otra vez. Esforzarse de nuevo. Hacer más. Mirándolo desde fuera pensé: esto es una locura.

Y lo más curioso es que no hay ningún jefe cruel encima de mí. No hay un padre exigente cuestionando mis decisiones. Constelaciones hechas, regresiones hechas, incluso ayahuasca tomada más de una vez. Gracias a la compresión, ya no hay a quién culpar.

Solo quedé yo. Conmigo misma. Sentada en mi propio tribunal personal.

Fue entonces cuando decidí escribirme una carta. Te lo recomiendo de corazón si estas reflexiones resuenan contigo. Aquí te dejo un fragmento. Quizá también te inspire.

Hoy quiero decirte algo. Puede que todavía no lo veas, cariño, a través del filtro con el que te miras, pero ERES SUFICIENTE. Te veo. Te valoro. Eres increíble. Estás bien. Puedes respirar.

Ya no tienes que demostrar nada. Ya tienes mi atención, mi aceptación y mi aprobación completa. Tu existencia, por sí sola, ya tiene valor. Importa.

Tienes derecho a decir con calma cuando algo no te encaja, cuando no te apetece, cuando deseas algo. Tienes ese derecho igual que los demás. No tienes que merecer nada más.

Te amo y te acepto con todo: con lo que llamas talento y con lo que llamas defecto. El conjunto es perfectamente válido para mí. Lo acepto.

Suelta el esfuerzo y la exigencia. Simplemente sé. Sé quien eres cuando no intentas ser nada. Recupera tu energía. Deja de agotarte para probar tu valor; eso ya no te sirve y ya no te fortalece.

No lo necesito. Te veo. Te escucho. Simplemente sé.

Haz lo que te da placer. Lo mereces, como cualquier persona. Es tu derecho natural. Te libero de la culpa y de la sensación de no ser suficiente.

Eres libre. Puedes amar, desear y soñar. Puedes implicarte, emocionarte, probar y experimentar. Siente la vida que ya está en ti, que pulsa y llama.

No esperes a que alguien te dé permiso. Yo te lo digo ahora: tú das valor a lo que haces. 

Yo doy valor a lo que hago. 

Yo misma doy valor a lo que soy.

Soy Yo. Yo Soy.

Y ahora te pregunto a ti

¿Y si el problema no fuera que “no haces suficiente”… sino que no te estás mirando desde un lugar justo? Si este texto te ha tocado, si algo dentro de ti ha asentido en silencio, quizá sea el momento de empezar por ahí. Por escucharte. Por dejar de negociar tu valor. 

Si quieres, acompáñame. En el newsletter, en las sesiones, en el trabajo profundo que hacemos juntas. No para convertirte en alguien más. Sino para volver a verte. 

Con calma. Con verdad. Y con valor —el que siempre estuvo ahí.

Como cuidar tu energia